Yendo a casa

YENDO A CASA


En vísperas de arrancar la primera proyección del video-arte: “Yendo a casa”, Petate Urbano, nos encontramos con Boris Viskin gestor de esta idea visual , Mao Padilla productor y “aterrizador” de ella, Jerry Salas editor de este rompecabezas y por último Yolihuani Curiel creador de la música que acompaña la pieza .

Empecemos contigo Boris. Tu pintura se aleja año con año de las técnicas tradicionales pero siempre encuentra una base, referencia o eco pictórico. Con este proyecto parece que abandonas por completo la pintura, la traicionas. ¿Es así? ¿Cómo lo vives tú? 

 Boris Viskin (BV): En efecto, parecería que con el paso del tiempo he dejado de pintar, si es que por pintar entendemos el aplicar un pigmento mezclado con un medio que lo adhiere a una superficie plana. Mis brochas y espátulas, compañeras de tantos años hoy  abandonadas, me miran raro; a ratos con enojo otras veces con tristeza. Duchamp hablaba de un ataque de “Pincelofobia”; como Alex en La Naranja Mecánica que no puede tomar un arma pues lo invade una parálisis total. Es un rechazo corporal. Sin embargo a diferencia de Duchamp, que se alejó de la Pintura por vivirla como una experiencia efectista “retinal”, en mi caso simplemente intento hallar otras maneras de seguir pintando, pintando sin pintar. No me molesta la persecución de la belleza “retinal”. Cuando un cuadro cuaja es un delicioso “taco de ojo” además de una experiencia filosófica única: presenciar el “pensamiento pintado” como decía Cezanne.

“Yendo a casa” surge de la Pintura; de Mi Pintura. Surge de mi serie de Petates del 2000. Esta serie inició con dibujos y pinturas muy convencionales (grafitos sobre papeles, óleos sobre telas), que fueron evolucionando y derivando en piezas extra-pictóricas, objetuales, conceptuales, piezas al muro, huacales, libreros, etc.  Por todos lados veía petates. Un día que cruzaba un puente peatonal del circuito interior me cautivo el fluir de los carros. Ahí me vino la idea. Una idea plástica y a pesar del movimiento: pictórica. Las fibras del henequén se pintarían con el fluir de los automóviles. Justo el introducir el movimiento al hábitat “congelado” de la pintura me cautivó.

Aun así Boris, y perdona que lo pregunte tan directo, ¿Crees tener las tablas y el conocimiento para crear un  video? Me desespera no poco esta moda “Neo Da-Vinchesca”, esta proliferación como conejos de artistas que se creen capaces de abarcar todo. Arte que es Sociología, Botánica, Política, Tecnología, Biología, Ciencia…

BV: Mira: la idea del video surgió ese mismo año de los Petates, el 2000, pero no pude realizarla. ¿Porqué? Por lo que bien dices y te cito: un artista no puede abarcar todo. Tuvieron que pasar casi veinte años para que al día siguiente de una platica de cantina en la cual mencioné este proyecto “enlatado” recibiera la llamada de Mao Padilla: “Ese Boris ¿Cómo va la cruda? Oye: ese proyecto, del cual hablabas ayer,  ¡Hagámoslo!”.

¿Me explico? Es un proyecto compartido. Sin Mao, sin su experiencia como productor y fotógrafo, sin su entusiasmo, iniciativa y energía, “Yendo a casa” seguiría en el limbo del tiempo “Hubiera”. Y es Mao quien arma el equipo con Jerry y Yolihuani: equipo muy tapatío por cierto.

Pasemos entonces contigo Mao; Entiendo, por lo que dice Boris, que desentierras esta idea del olvido y la haces realidad. ¿Qué es lo que pasa por tu mente? ¿Cómo vives este proyecto? Siento que a menudo los productores son los verdaderos creadores opacados por los caprichos y egos del director en turno. ¿Qué opinas?

 Mao Padilla (MP): Mi relación con esta obra es particularmente especial, porque la obra de Boris género en mí la reconciliación con el arte contemporáneo, así es pues una oportunidad para honrar ese reencuentro.

Las películas; ya sean cortas, largas o experimentales, son forzosamente colectivas. Pienso que la partitura de una obra musical, el escrito en sí, ya es una obra. Después alguna orquesta o algún director la interpretan, la comparten con el espectador y es ahí cuando la obra de arte es consumada. Así el cine o el arte audiovisual, es el resultado de la colaboración de artistas alrededor de una partitura bajo la conducción de un director.Veo al productor como quien busca a los mejores intérpretes para cada partitura. Producir creativamente es tal vez el reto más grande; es sumarse a la orquesta y no solo ser el gerente.

 Otra pregunta Mao. Como productor de películas y comerciales ¿Cuál sería la diferencia de trabajar un video-arte? ¿Encuentras afinidades o existe una marcada frontera entre las disciplinas? Te lo pregunto pues parecería que en nuestros tiempos  el verdadero Arte hay que buscarlo fuera de los espacios tradicionales ; fuera de los Museos o las galerías.

MP: La diferencia está en el director; en el artista. En el cine, una buena película no siempre es una obra de arte. Los materiales son los mismos: una cámara, un micrófono, personajes, luces, música, una historia que contar, etc. Sin embargo, es el artista quien convierte esa pieza en video-arte, quien toma las colaboraciones y les da dirección para que se transforme en una obra. No sé si existe el verdadero arte, creo que mientras las piezas tengan un valor social que dialogue con la actualidad de cada artista más allá de lo estético, el reconocimiento como arte viene por parte del espectador y de la manera cómo se ve convocado a apreciarla.

Pasemos a la edición. Jerry: ¿Cómo ves la labor del editor? ¿El editor tiene que subordinarse a la visión del director o ir más allá de él? Me viene a la mente el caso de la película “Apocalipsis Now” de la cual en una época circulaban dos versiones, la del editor y la del director. En lo personal siempre preferí la versión del editor pero el poderío de Coppola logró que ésta desapareciese del planeta. ¿Quién debería tener la batuta?

 Jerry Salas (JS): Creo que la labor del editor tiene tanta fuerza en un proyecto que podría dar otro significado a las cosas, esto lo convierte en algo delicado.

Pero personalmente pienso que mas que trabajar bajo una tutela debería de ser un  “acompañamiento”; y como cualquier acompañamiento se necesita de un camino. A mi me gusta trabajar con el artista de manera cercana y mas que él explique detalladamente la pieza, prefiero me comparta su sentir, me envuelva con su mente y asi ambos busquemos ese fin.

Desde mi parte esa es la verdadera experiencia de la edición: sumar a la visión del director y explotarla de una manera que quizá él no se hubiera imaginado. Así que la batuta desaparece y este proceso se convierte en un acompañamiento. Como cuando vas y te tomas un café con tu amigo sin ánimo de buscar protagónicos o un juego de poder, si no solo de estar, ser y de ahí surgir.

 Y en este proyecto en específico: ¿Cómo has vivido la experiencia? Este petate parece un rompecabezas de mil cabezas ¿No es así?

 JS: Uff ha sido un proyecto con muchos retos; pero hablar con Boris y conocer su trabajo me lleno de curiosidad para poder explorar, aclararme y así sumarme;  Técnicamente está complejo debido a como estos videos se entrelazan generando uno mismo. El proceso de la imagen es pesada  y tardada y eso lo convierte en un trabajo manual y técnico difícil. Creo que por ese equilibrio el proyecto me gusta mucho. Todo se combina y la textura no solo surge del tráfico o los carros si no hasta del tiempo y la luz. Es un «textil»vivo

 Y ahora la música. Yolihuani: Cuéntanos algo de tu experiencia en adaptaciones musicales. ¿En qué difieren de tu obra personal?

Yolihuani Curiel (YC): Disfruto enormemente trabajar en adaptaciones, justo ahí he encontrado mucho crecimiento personal porque en cada proyecto me enfrento a nuevos retos y es estimulante salir de la zona de confort. Esto no quiere decir que todos los procesos sean sencillos o amigables, pero a la distancia todos ellos se sintetizan en una perspectiva artística más amplia, lo que definitivamente después nutre mi obra personal.

Por ahí del 2001 comencé a dedicarme profesionalmente a la música con proyectos que hacían Música Fusiones y World Music, hace 10 años incursioné en el mundo de los proyectos audiovisuales haciendo música original. Mi obra personal más reciente es una Propuesta de fusión sonora y visual a partir de música tradicional oaxaqueña la cual en un inicio sería solo un EP de música y terminó siendo una obra museística con un video de 17 minutos como obra principal y complementado con fotografía, collage, etc. Con este trabajo reafirmé la importancia de los proyectos colaborativos. Resulta utópico creer que uno sólo puede levantar proyectos que involucran distintas disciplinas artísticas, así que me siento agradecido por la invitación a este proyecto y por la confianza que han puesto en mi Mao y Boris.

A veces la pista sonora parece una acompañante anodina y prescindible. En otros casos es un personaje principal. (“Tiburón”, “Muerte en Venecia”, “Juventud” de Sorrentino, “El Padrino” etc. etc.) En “Yendo a casa” todo apunta a que la banda sonora es la mera columna vertebral. ¿Es así?

 YC: Me gusta asumir la pista sonora como un personaje más de la obra, el cuál es incorporado a partir de las necesidades narrativas del proyecto, en algunas ocasiones le es concedido un rol principal, en otras un rol… no digamos secundario, simplemente “no tan protagonista”.

Efectivamente, en este proyecto la música juega un papel medular, completa sensorialmente la experiencia del montaje de “Yendo a casa” a partir de una propuesta sonora que fusiona el Paisaje Sonoro de este continuo circular vehicular de la Ciudad de México, con timbres y sonidos abstractos articulados para producir aquello que en lo personal, ha llegado a resonar dentro de mi cabeza al ser parte de este entramado. Cuando “vamos a casa” podemos experimentar distintos estados anímicos: a veces estamos al borde del caos y a veces este andar nos puede propiciar profundas reflexiones. La pista sonora de “Yendo a casa” justo busca oscilar entre distintos estados anímicos.

Para finalizar y regresando a ti Boris: ¿Qué sabor te deja el trabajo compartido en equipo? Te lo pregunto pues lo que más extraño de la pintura y de tu arte en específico es la voz personal, el diálogo de “tú a tú” entre el pintor y el espectador. ¿No sientes que tu voz quede enterrada entre tantas mentes, tanta tecnología?

 El taller del pintor es en efecto un refugio, un bunker. En la pandemia los pintores andábamos muy calientitos sumergidos en el jacuzzi de nuestro mero mole: ¡La soledad del artist! ¿Para qué salir del taller? Sin embargo el salir más que perjudicar el proceso puede darle nueva vida, oxígeno. Con este proyecto estoy perdido como cuando pintaba mis primeros cuadros; desnudo. Curiosamente esto me motiva. Siento nuevamente ese gran vacío en el estómago que acompaña los grandes logros y los grandes fracasos. Y créeme, no me escudo en “el proyecto compartido”. Al contrario: el que Mao, Jerry y Yolihuani se sumarán sin titubear y con entusiasmo a este barco, me aterra. No tengo miedo de que mi idea pictórica se pierda entre tantas mentes, al contrario, sé que solo con estas mentes se logrará. Lo que me aterra en este caso es que mi idea pictórica se acople e integre al medio audiovisual. Yo visualicé este petate urbano como un óleo sobre tela en el sentido que el mismo entramado del petate aprisione el movimiento, lo congele. Esta prisión, este congelamiento, no solo me atrajo como solución plástica sino metafórica. Resumía lo que sentía al observar desde el puente la peregrinación de “carritos”: la certeza visual de que, al menos en esos segundos, la corriente que fluye no va hacia ningún lado. Fluye pero no fluye, se congela. Todos queremos llegar a casa pero esa marea de corrientes en tantos sentidos acaba generando una idea del sin sentido. Un peregrinaje absurdo de Sísifos rodantes que nunca llegaremos a casa; La modernidad nos aprisiona con su canto de sirenas. El progreso (que nos acerca a tantas experiencias y mundos), nos aleja de casa.