Fuck me Bauhaus mex fest reloaded

FUCK ME BAUHAUS MEX FEST RELOADED

 

Miguel Ventura

FUCKMEBAUHAUSMEXFESTRELOADED

 

Naief Yehya

 

No hay Historia, no hay historias.

 

Lo que queda son relatos crueles, chistes bobos, apuntes sórdidos e imágenes, un Himalaya de fotos y videos que quisiéramos editar, borrar, eliminar, celebrar, absorber, parodiar, memeizar y olvidar. Imágenes escupidas por dispositivos personales, por extensiones tecnológicas públicas e íntimas que se funden con nuestra cotidianidad, se vuelven falsas reminiscencias y pasan a ser parte de nosotros mismos. ¿Qué puede hacer el artista de la tercera década del siglo XXI para enfrentar y dar sentido a una cultura que se ha convertido en máquina incontinente de data? El arte como registro, intérprete cultural, agente provocador e interlocutor social quedó paralizado hace 50 años y se fue convirtiendo en estafa piramidal, power point conceptual, colección de ocurrencias e Ikea planetario de baratijas y regurgitaciones. Después de un siglo de rupturas la tentación de la nostalgia y la parodia llevaron al arte a un plácido naufragio, a convertirse en un dispositivo de articulación de buenas intenciones y compromisos militantes, enfundados en compras impulsivas, compras de pánico, compras de vergüenza y compras de hastío.

 

Miguel Ventura lleva décadas advirtiendo el estancamiento de las corrientes artísticas. En un tiempo en que arte y política se han vuelto grotescos e incestuosos siameses, el trabajo del artista puertorriqueño mexicano gringo (desafortunadamente para él) invierte los valores bien pensantes progresivos y la moral predigerida burguesa para estremecer con símbolos atravesados, antagónicos e irreverentes que le meten zancadillas al peregrinar ideológico liberal y sus dogmas incluyentes, lacrimógenos y fétidamente cómplices de las grandes fortunas, las corporaciones transplanetarias (para los Musks y los Bezos la tierra no es suficiente) y el jet set de los artistas blue chip. Y si bien eso suena a la viejísima letanía del artista contestatario que sueña con épater les bourgeois, la diferencia es que el sarcasmo de Ventura no trata de escandalizar porque sabe que el consumidor de arte es narcisista, por lo que las sacudidas y cuestionamientos a su moral y estilo de vida son rápidamente reciclados como experiencias comercializables, merch para la tienda del museo, inversiones en NFTs y oportunidades de altruismo de salón.

 

Si antes Ventura exploró los mecanismos lingüísticos y simbólicos de control de las masas en Cantos Cívicos (2008), el camp distópico de la gestación de un nuevo lenguaje universal en How Shall I Love You, My New Little One? (2002) y las estructuras fascistas de adoctrinamiento en proyectos con la organización NILC (New Interterritorial Language Committee), ahora se enfoca en reacomodar las ruinas del capitalismo de vigilancia, de las guerras preventivas, las guerras contra el terror y las narcoguerras, entre otros conflictos por definición irresolubles y sumamente rentables. En la serie de collages neopsicodélicos furiosos, festivos y fálicos, FUCKMEBAUHAUSMEXFESTRELOADED conviven sin ejes cardinales ni ideológicos composiciones que hacen pensar en fractales, patrones repetitivos a diferentes escalas de la acumulación y contrapunto, recortes de cabezas cortadas con rostros de políticos, celebridades, víctimas de masacres criminales y ejecuciones terroristas, figuras públicas de escándalo y vergüenza, críticos de arte, señoras mexicanas de sociedad, directores de museos, curadores y starquitectos. Ahí están como vestigios palpitantes de lo fugaz imperecedero Frida Kahlo, Donald Trump, Che Guevara, Carlos Monsiváis, Kim Jong-un, Antonio Alatorre, Angela Merkel, El Chapo y el Chapito, Boris Johnson y Elenita, porque no podía faltar Elenita. Héroes, déspotas, genios y palurdos arrastrados sin jerarquía ni distinciones por la hemorragia, por la incontinencia de las representaciones.

 

FUCKMEBAUHAUSMEXFESTRELOADED es una colección de panoplias de imaginería pop que insinúan recuerdos, chismes y anécdotas cruzadas. Es la evocación de tragedias, ocasiones perdidas y memorias lastimeras hechas deliberadamente fuera de contexto para re-cifrar caras y cosas como reliquias, amuletos, glitches de un mundo tan inexistente como inevitable, un mundo de frenético autoconsumo, de feroz canibalismo, de metabolismo invertido. Las obras reunidas aquí pueden imaginarse como las ilustraciones de un críptico libro de horas medieval-contemporáneo de pecados y pecadores, de torturas y horrores, de demonios y santos presentados con cierta ingenuidad y placer morboso, crudamente aleccionador. Aquí la tijera y el pegamento sirven para re-imaginar y componer el caos al convertir los rostros de villanos, próceres y autoridades en pedúnculos, cálices, corolas, pistilos, estambres y pétalos de flores. Caras sonrientes y cráneos despellejados se entrelazan como largos chorizos, embutidos chatarra, con auténticas salchichas, ruinas de Gaza y Alepo (que bien podrían estar en Yemen y Libia, en Mariupol y Bucha), fotos retropornográficas, armas y banderas confederadas en un neofolclórico quilt de la exhibición de atrocidades. No son recuentos de desgracias cercanas y remotas, no ofrecen coordenadas de localización ni direcciones a la Waze ni cronologías forenses sino que son instantáneas de un desparramamiento de costras causado por una bestial onda de choque.

 

Ventura ofrece estas composiciones de la podredumbre, la descomposición y los escombros post-factuales decoradas con gozosos colores fluorescentes y vistosos arreglos cromáticos; caleidoscopios hipnóticos de cascajo y restos humanos que no ofrecen el tibio confort de la lógica ni la complicidad de la superioridad moral ni el frisson de la indignación. Los collages de esta serie evocan macramés tejidos de vísceras, artesanía popular fársica y naive de un tiempo en que los pueblos han alcanzado el nadir de la irrelevancia y son más sacrificables que nunca. Son y no son manualidades antibauhausianas, ecos distorsionados de un movimiento que se decía apolítico y predicaba la eliminación de distinciones entre forma y función. Esa estética deliberadamente tosca que rasuraba los ornamentos y deslices lúdicos de la obra para reducirla a austeras formas geométricas: la culminación más pura del modernismo. El espíritu creativo hacía las paces con la producción industrial en serie. La obra de Ventura satiriza ese anhelo purista, esa fantasía de sacralidad secular y de la utilidad glorificada del arte sobrio y austero, al evocarlo con mordacidad en la superficialidad total de la inutilidad psicodélica. Estas obras no representan un reciclaje de esa corriente sesentera emanada de experiencias con psicotrópicos, surrealismo onírico vía alta distorsión y humor absurdo. Lo de entonces era un reflejo de la contracultura, hoy no hay contracultura, lo que hay es conspiranoia, cismas en la incredulidad, abismos de desinformación y golfos de fake news. Si aquellas obras eran producto de los estados alterados por los alucinógenos, estas muestran el daño irreversible de la sobredosis de virtualización y visualización de la cultura, de los excesos de datos y la realidad reducida a flujo vertiginoso y nauseabundo de pixeles. No hay crítica ni lecciones que aprender ni militancia que invocar ni vergüenza que infligir. “Cuando escucho la palabra cultura me acuerdo de que convertí mi pistola en obra de arte”, dijo alguien, alguna vez en algún lugar. Habrá que buscar la referencia e imagen correspondiente en Google.

 

Miguel Ventura
Sin título
Collage sobre papel
2.78 x 1.70 m

Miguel Ventura
Sin título
Collage sobre papel
2.40 x 1.60 m

Miguel Ventura
Sin título
Collage sobre papel
2.50 x 1.67 m

Miguel Ventura
Sin título
Collage sobre papel
2.38 x 1.59 m