VIEJO FUEGO NUEVO

German Venegas

En Viejo fuego nuevo, German Venegas presenta varias esculturas y relieves de su serie Tlalocan centrada en la representación de Tláloc. En este conjunto de trabajos recientes retomó con constancia la talla en madera y la solución del relieve, mismas que destacaron dentro de su producción temprana. Como sucede con los relieves de finales de los años ochenta y principios de los noventa, Venegas sigue aprovechando su entendimiento de la materia, sacando el mejor partido de la madera, de sus formas naturales que sugieren formas artísticas así como su carácter plástico al quemarla o alterarla con otro medios. Ejemplo de esto son las esculturas Tlalocan 22 (2017) y Tlalocan 33 (2020). No obstante esta serie se distingue de los trabajos tempranos en la manera en la que incorporan una suma de lecciones como, por ejemplo, el interés y la maestría en la pintura – disciplina a la que el artista ha prestado una constante atención desde mediados de los noventa. Otro recurso presente en Tlalocan es el uso del estuco; un material que por su naturaleza, le permite al artista transitar, en una sola pieza, entre la escultura, el relieve y la pintura, desdibujando los límites estrictos entre dichas prácticas. Como Dalibor Veseley escribió sobre el estuco, este tipo de aplicación opera de manera “pictórica, aunque no se trate de una pintura. Lo mismo aplica para su carácter escultórico y arquitectónico. Se resiste a ser una solución artística definida con el fin de preservar una naturaleza metafórica y potencialmente creativa”.

Varios de los relieves de Tlalocan permiten ver cómo el estuco puede operar una reconciliación entre lo tridimensional con lo pictórico y el dibujo. En Tlalocan 31 (2020), la aplicación del estuco cuenta con una apariencia expresionista y casi gestual que borra los límites entre la pintura, la superficie del relieve y la presencia del material en sí. En otros relieves de la serie, el estuco articula una especie de superficie que difumina la rígida materialidad de las tallas en madera del relieve y que sirve como base para soluciones emparentadas con la práctica dibujística de Venegas – apreciable en la serie Viejos (2018) que también es parte de esta exposición. Tlalocan 25 (2017) y Tlalocan 26 (Tláloc con cabezas) (2017) son dos relieves con tallas de madera estucada de este tipo. En estas piezas, la pintura va sumando imágenes, especies de dibujos realizados unos encima de otros, creando soluciones ambiguas, vibrantes y que invitan a ser discernidas. Las líneas de pintura ocupan la totalidad de la superficie y su trazo cubre los relieves escultóricos, complementándolos, entablando un diálogo con ellos y, al mismo tiempo, confundiendo su solución material, difuminándola e integrándola en lo que pareciera ser una superficie pictórica continua. Esta confusión visual, que busca abarcar la materialidad del relieve, demanda cierta atención para discernir los trabajos. Ese tiempo necesario para entender la obra, quizá, es capaz de despertar un mayor interés en comprender los símbolos a los que apela. Del mismo modo, plantea una situación de detenimiento que se opone al tempo acelerado de producción y consumo de imágenes en la actualidad.