Ernesto Zeivy

Erik Castillo

Durante el confinamiento del 2020 Ernesto Zeivy se encerró en su estudio y produjo una temporada de pintura que, vista ahora como cuerpo de obra, resulta definitivamente interesante. Las piezas son muy distintas al trabajo más conocido de Ernesto Zeivy, si bien se nota en ellas el mínimo común denominador de cruces de sensibilidad y de recursos pictóricos que han dado singularidad  a la práctica del artista: accidente y suciedad plástica en tensión con un sentido único de elegancia formal, simplicidad-en-lo-barroco, intuicionismo culto, ambivalencia que combina referencias al reino visible y a lo abstracto y, sobre todo, efecto estético anacrónico/ contemporáneo.

La complejidad visual de los elementos flotantes en los cuadros  propicia que aparezcan como infraestructuras de arquitecturas arquetípicas, paisajes naturales genéricos en vistas micro o macro, planteamientos de formas esculturales imposibles, sistemas corporales fantásticos o estilizados, residuos desublimados de diagramas antroposóficos, bocetos o estudios de probables objetos de arte aplicado o evocaciones de antigüedades. Cada composición plantea un acertijo visual: extrañas aporías plásticas, paradojas que atrapan la mirada y la retan a deshacer y rehacer la trama de la percepción de objetos elusivos, cuyo estatus de representación quizás se reduzca a representarse a sí mismos, fluido de color estructurado sin referentes precisos en el mundo.