AQUÍ TODOS SOMOS LIMBO

Amauta García | Alejandro Gómez Arias

Las estrategias de desarrollo del modelo económico actual están encaminadas a la acumulación de riquezas por medio del extractivismo, siendo la base de las relaciones de poder en las sociedades violentadas económicamente, que como la nuestra, arrastran vicios coloniales, pero esta vez perpetuados por corporativos transnacionales que excluyen a las mayorías de toda aspiración de vida digna.

La presente exposición aborda algunas de las formas como se han manifestado las políticas neoliberales por medio de los llamados desplazamientos forzados; que podemos identificar en las ciudades con la gentrificación, un fenómeno de violencia a bajo impacto, que sumado a la precarización del trabajo y al encarecimiento inmobiliario, alienta procesos de blanqueamiento social. A su vez, esta problemática localiza su contraparte en la zona rural con desplazamientos generados por la violencia de alto impacto a la que son sometidas poblaciones enteras, resultado de la minería y el narcotrafico. Ambas caras de una misma moneda que es el capitalismo salvaje.

En el México contemporáneo esta situación ha sido posible a causa de la corrupción que se ha infiltrado en cada aspecto de la vida cotidiana, cosificándola y mercantilizando todo valor material e inmaterial por encima del bienestar común. Un primer atisbo para salir del letargo es visibilizar las estructuras y fallas de las propias políticas neoliberales que en última instancia han traducido la vida humana como la moneda de cambio del capital.


Curaduría: Eréndira Esquivel

ALEJANDRO GÓMEZ-ARIAS

EL PESO DE LA TIERRA

Entre los varios interrogatorios conceptuales, materiales, nacionales o financieros que acompaña al NAFTA-TLCAN desde su lanzamiento —de cierto modo acuñado por una praxis desarrollista de corte neoliberal—, la realidad del extractivismo minero nos exige una colocación contundente en la actualidad. Desde el quehacer artístico, en El peso de la tierra, Alejandro Gómez-Arias complejiza el rapaz vínculo entre minería y narcotráfico que, en años recientes, deviene una indiscutible intensificación de la violencia en ciertos sectores del territorio mexicano.

Las muestras llegan a oscilar, por ejemplo, entre la cercanía peligrosa de un arma prohibida por su potencia de daño desmedida —la manopla— y la aproximación a una gráfica que pretende calcular la constantemente nueva especulación financiera que golpea a las poblaciones en cuya tierra se fundamentan los valores extraídos para el beneficio imperante de los cúmulos empresariales.

Gómez-Arias des-apropia, sin embargo, el amplio archivo documental —sin prescindir de una perspectiva tanto poética como crítica— que traza la transformación del suelo mexicano tras la violenta reconfiguración territorial —y terrenal— inmiscuida con la intersección operativa —con libres fines de lucro— entre la industria minera, en su mayoría transnacional, y los fueros del narcotráfico contemporáneo. Mientras los cárteles mexicanos de droga refinan su empresa, los paisanos de Canadá violentan más y más a medida que se escudan con un raciocinio de corte extractivista.

El peso de la tierra propone la oportunidad de experimentar una especie de necro-cartografía, sensible, que sugiere la desterritorialización ambiental, corporal, comunitaria e histórica que coincide con la canibalización de los futuros humanos sostenibles pese al fundamentalismo neoliberal, tanto en su promulgación de una sensibilidad que busca clausurar todo diálogo y consulta, como en la racionalidad de la muerte que hace política de la aparente belleza de un diamante.

 

Bernardo Núñez Magdaleno

AMAUTA GARCÍA

SUEÑO DE CASA

¿Cómo se construye el deseo de tener una vivienda propia? ¿Cuánto tiempo de vida es necesario invertir para lograrlo? La creciente oferta inmobiliaria y créditos hipotecarios, lejos de ser una alternativa democrática, convierte el derecho a la vivienda y a la ciudad en una mercancía que pocas personas pueden pagar.

Las esculturas que presento hacen tangible esta inaccesibilidad; son plantas arquitectónicas de departamentos nuevos promocionados por inmobiliarias en la Ciudad de México, las paredes más altas corresponden al porcentaje que podría comprar de estas viviendas, con un crédito hipotecario que tardaría en pagar 20 años si ganara $11 000 mxn mensuales –ingreso promedio de lxs profesionistas en la ciudad. Si las viviendas materializan el tiempo de vida invertido en comprarlas o construirlas, estas esculturas proyectan la materialización de mi tiempo. Así, el porcentaje representado no solo vuelve físico el monto del crédito, sino 20 años de mi vida.

Por otro lado, combinar y alterar las animaciones promocionales de las inmobiliarias con escenas que he soñado alude a las imágenes fantasmales de la angustia, de la deuda y del anhelo de propiedad. En esta investigación está presente la especulación inmobiliaria, la precarización del trabajo y las proyecciones financieras.